UN ASUNTO MUY COMPLEJO
(Texto leído en el programa Tubos de ensayo)
Esto es Tubos de ensayo, un espacio en el que mezclamos palabras para intentar que den luz.
La voz que acaban de escuchar es la de Nan Goldin en la Neue Nationalgalerie de Berlín el 22 de noviembre de 2024. A continuación leeré para ustedes la traducción que en su día hice de sus palabras. La hice a partir de este audio, grabado con un móvil y con calidad más bien escasa, así que pido de antemano disculpas si detectan algún error de interpretación.
¿Me escuchas, Alemania?
(Discurso de Nan Goldin pronunciado el 22 de noviembre de 2024 en la inauguración de la retrospectiva dedicada a su obra en la Neue Nationalgalerie de Berlín.) -No se lee-
Hola, Berlín.
Voy a comenzar con cuatro minutos de silencio en honor a los muertos. Por favor, dejad a un lado vuestros móviles y uníos a mí.
(4 minutos de silencio)
Este tiempo de silencio representa una centésima de segundo por cada una de las 44.757 personas asesinadas en Palestina por las fuerzas de Israel, la mitad de ellas niños, 10.000 de ellas sepultadas bajo los escombros, y las 3.516 personas asesinadas en Líbano por fuerzas israelíes, y los 815 civiles israelíes asesinados el 7 de octubre.
¿Os habéis sentido incómodos? Espero que sí. Tenemos que sentirnos incómodos, sentir nuestros cuerpos bajo el asedio, aunque sólo sea durante un minuto.
Esas son las cifras oficiales. Pero hay otras fuentes que indican que la cifra de muertes directas e indirectas causadas por esta guerra ronda los 186.000.
¿Por qué he creído que tenía que hablar esta noche?
Esta es la retrospectiva de mi vida, pero no hay nada en ella del pasado año. Eso falta.
El museo ha mantenido su promesa de dejarme hablar y yo se lo agradezco. Pero afirman que mi activismo y mi arte son cosas separadas, aunque eso nunca ha sido así.
El pasado año para mí ha sido Palestina y Líbano. Desde el 7 de octubre se me ha hecho difícil respirar. Me siento como si la catástrofe estuviera en mi cuerpo, pero no en la exposición.
¿Por qué te hablo, Alemania?
Porque las lenguas han sido amarradas, amordazadas por el gobierno, la policía y la represión cultural.
Solíamos pensar en esta ciudad como un refugio. Ahora, desde el 7 de octubre alrededor de 180 artistas, escritores y profesores han sido cancelados, algunos por algo tan intrascendente como un like en Instagram. Muchos de ellos son palestinos. El 20% judíos.
¿Por qué estoy hablando aquí?
Decidí usar esta exposición como una plataforma para amplificar mi posición y mi indignación moral ante el genocidio en Gaza y Líbano. Veía este acto como una prueba. Si una artista desde una posición como la mía puede expresar su postura política sin ser cancelada, espero estar allanando el camino para que otros artistas se pronuncien sin ser censurados. Espero que el resultado sea ese.
¿Por qué no puedo hablar, Alemania?
Cualquier crítica a Israel es considerada antisemita. El antisionismo no tiene nada que ver con el antisemitismo. Esto es una equivalencia falsa que se está utilizando para mantener la ocupación de Palestina y para silenciar a los que la denuncian.
La palabra “antisemitismo” se ha convertido en un arma, se fuerza su significado. Al declarar antisemita toda crítica a Israel se vuelve más difícil detectar y detener el odio violento contra los judíos. Estamos menos seguros.
¿Es eso todo, Alemania?
Al mismo tiempo se está ignorando la islamofobia. Al convertir el término “antisemitismo” en un arma, se está apuntando a la comunidad palestina de este país y a aquellos que se manifiestan para apoyarlos. Alemania acoge la mayor diáspora palestina de Europa. Sin embargo, las protestas se enfrentan a la policía, la desprotección, las deportaciones y la estigmatización.
¿Estás oyendo, Alemania?
Ayer, el más alto tribunal penal del mundo, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de detención contra Netanyahu y sus subordinados por crímenes de guerra por utilizar el hambre como arma de guerra, y por crímenes de lesa humanidad por ataques indiscriminados y sistemáticos contra la población civil de Gaza. La Corte Penal Internacional habla de genocidio, las Naciones Unidas hablan de genocidio, hasta el papa habla de genocidio. Pero se supone que nosotros no podemos llamarlo genocidio. ¿Te inquieta oír esto, Alemania?
Esta es una guerra contra los niños. Se apunta directamente a los niños, se les dispara en la cabeza. De media, en Gaza cada diez minutos se asesina a un niño. Están destruyendo intencionadamente a la próxima generación. Los niños que han perdido a toda su familia solo quieren morir.
¿Qué has aprendido, Alemania? (El público responde “nada, nada”)
Mis abuelos huyeron de los pogromos de Rusia; me crié conociendo el holocausto nazi. Lo que veo en Gaza me recuerda los pogromos de los que huyeron mis abuelos.
“Nunca más” significa “nunca más para nadie”.
Israel se autodefine como la eterna víctima, lo que significa que nunca se le puede echar la culpa de nada, y por eso es incapaz de reconocer a los otros como víctimas.
¿Por qué no eres capaz de oír esto, Alemania?
Durante los últimos 14 meses hemos tenido un genocidio desplegándose en nuestros móviles a tiempo real, el primer genocidio transmitido en directo por streaming. Periodistas heroicos arriesgan sus vidas para enviar noticias aunque les estén apuntando con bombas y drones. 137 periodistas han sido asesinados desde el 7 de octubre, casi todos palestinos. Israel no quiere que quede ningún registro.
¿Qué es lo que no ves, Alemania?
No podemos mirar hacia otro lado. ¿Crees que si hubiera sido posible contemplar la guerra de Vietnam, la limpieza étnica de Bosnia como holocaustos transmitidos en directo a través de nuestros móviles habríamos mirado a otro lado? Aunque seamos incapaces de detener lo que está pasando, tenemos que dar testimonio y hacer de altavoces para las voces de los palestinos.
Pero todavía hay una oportunidad para que el mundo dé un paso al frente y detenga este horror.
¿Por qué te asusta oír esto, Alemania?
Se ha privado a una población entera de las condiciones necesarias para la vida. Los generales israelíes han dejado claras sus intenciones: cortar el césped. Eso es claramente limpieza étnica. Desde el principio se trata de una apropiación de tierras. La mayoría de las personas han sido desplazadas en múltiples ocasiones y ahora se están vendiendo parcelas frente al mar en tierras palestinas a las sinagogas de Estados Unidos.
La pérdida de vidas humanas ha sido intencionada. Si hubiera un terrorista en el metro de Nueva York ¿creéis que arrojarían una bomba de 2000 libras en todo el metro?
¿Por qué no puedes ver eso, Alemania?
También es un domicidio. El 88% de las casas de Gaza han sido destruidas. Casi todos los palestinos han sido desplazados a la fuerza, todas las infraestructuras palestinas han sido destruidas: los hospitales, las escuelas, las universidades, las bibliotecas. También es un genocidio cultural. ¿Por qué no puedes oír esto, Alemania?
En un país como Israel, donde cada persona es un soldado, la violencia extrema se ha convertido en algo aceptable, la crueldad y el cinismo se han convertido en norma. Hay miles de vídeos de TIKTOK de soldados cometiendo crímenes de guerra -ellos se encausan a sí mismos-, destrozando casas, celebrando la quema de pueblos, presumiendo de matar niños.
Te estoy hablando a tí, América.
Esta carnicería terminaría si Estados Unidos dejara de enviar armas a Israel. Estados Unidos ha invertido 22 mil millones en gasto militar para ayudar a Israel. El 69% de las armas utilizadas en esta carnicería se ha fabricado en EEUU. El 30% procede de Alemania.
No voy a parar de hablarte, América. Esto no es sólo una guerra israelí. También es una guerra estadounidense. Las corporaciones se están aprovechando enormemente, hay reservas de cohetes almacenados mientras los vetos de EEUU impiden una y otra vez que se apliquen las resoluciones.
¿Por qué estoy hablando?
Porque defender los derecho humanos no puede ser antisemita. Porque uso palabras que harían sentirse en peligro a la gente de aquí si las dijeran. Porque Israel y Alemania usan el holocausto y la cultura de la memoria para manufacturar inocencia. Porque las redes sociales están acallando las voces pro palestinas, por la hambruna infligida de forma intencionada a una población entera, por la ocupación de 75 años a la que se debe poner fin, porque Líbano se está empezando a parecer a Gaza.
¿Qué debemos hacer?
Hay millones de personas por todo el mundo pidiendo a gritos un alto el fuego, un embargo de armas, pero los gobiernos no escuchan. Tenemos que exigir el embargo de armas.
Mientras tanto, es momento de dejar de someter a escrutinio a nuestros aliados. Si estamos del mismo lado, tenemos que apoyarnos los unos a los otros aunque nuestros métodos sean diferentes. Tenemos que canalizar hacia la acción nuestro dolor y nuestra rabia.
Lo más importante es tomar las calles. Cuantos más seamos, ..."
No recuerdo con exactitud la fecha en que me llegaron las palabras con las que Nan Golding inauguró la retrospectiva que la Neue Nationalgalerie de Berlín ha dedicado a su obra. Probablemente sería muy poco después de que fueran pronunciadas. Pero recuerdo perfectamente que momentos antes había visto una videocrónica de Almudena Ariza en la que se relataban los siguientes hechos:
Un niño de diez años, hijo de padres separados, acababa de llegar a la casa de su padre en algún lugar de Cisjordania. Bajó a la calle a buscar cobertura para avisar a su madre de que habían llegado a casa y estaban bien. Mientras hablaba, fue abatido por los disparos de un francotirador. La escena, con el niño cayendo al suelo y retorciéndose de dolor, fue captada por una cámara de seguridad. El padre llamó a una ambulancia, pero en el trayecto hasta el hospital más cercano tuvieron que atravesar un check point. La ambulancia fue minuciosamente registrada durante más de media hora. El niño murió al llegar al hospital.
Para asegurarme de que mi memoria no se ha vuelto demasiado “creativa”, he intentado localizar el post entre esos que aparecen con el aviso de “contenido sensible” (qué delicadeza la de Instagram, esta de velar de manera semejante por nuestra sensibilidad) pero son tantos que he desistido. De todos modos, creo que pueden ustedes confiar en mi memoria en este caso. Ese ejercicio de crueldadburocrática se me quedó grabado a fuego.
Nan Goldin … no sé si la conocen… es una fotógrafa de origen judío y nacionalidad estadounidense… yo no puedo hablarles mucho de su obra, he visto series de fotos en que documenta la contracultura en bares y fiestas underground del Nueva York de los 80, la vida gay de la ciudad, el sida,..., y otra muy famosa en que aparece con las señales que le había dejado una paliza del que entonces era su novio… creo recordar que el título de esta segunda serie es “Balada de la dependencia sexual”... las imágenes son impactantes… pero conozco sobre todo sus trabajos para denunciar a la familia Sackler, dueña de la empresa farmacéutica que comercializó el opioide Oxycontín y lanzó campañas de publicidad engañosas animando a los médicos para que lo prescribieran en casos de dolor crónico insistiendo en que tenía un riesgo muy bajo de crear adicción… el caso es que el medicamento pertenece a la misma familia que el fentanilo y el riesgo de adicción es altísimo… la familia Sackler ha hecho grandes donaciones a museos muy famosos en los que hasta llegaba a contar con alas enteras a su nombre… la lucha de Goldin ha conseguido que se promuevan denuncias colectivas y que algunos museos rechacen las donaciones de los Sackler.
Cuando escuché sus palabras, recuerdo que pensé: ya está. Ella lo ha dicho todo. No hay nada que tú puedas añadir. Este discurso se hará viral y probablemente removerá muchas conciencias y hará cambiar muchos puntos de vista.
Pero las cosas no sucedieron como yo pensaba. Nadie, casi casi nadie lo escuchó. Voces institucionales alemanas lo condenaron, parte de la prensa alemana la acusó de parcialidad y de trivializar el conflicto, algún medio protestaba porque los gritos del público en solidaridad con Palestina habían impedido que la réplica del representante del museo se oyera bien… La denuncia Goldin se diluyó en un pequeño, moralmente pequeño debate acerca del derecho de los artistas a denunciar.
Entre todo lo que leí me horrorizaron y me angustiaron las acusaciones de parcialidad y, sobre todo, de trivialización. Siempre se usa ese argumento: un asunto demasiado complejo como para que un “cualquiera” se pueda posicionar frente a él. Verán, no creo que sea tan complejo, en realidad… Es un asunto de colonialismo y codicia, y eso tiene muy poca complejidad.
(Ayer, Annie Lennox hablaba de unas imágenes que le habían llegado desde Gaza, demasiado terribles para incluirlas en su post. Hasta la mera descripción que hacía de las imágenes me parece demasiado dura para reproducirla. Tampoco me parece necesario. Todos sabemos que cualquier forma de crueldad que quepa en nuestra fantasía, y seguramente otras que escapan a nuestra capacidad para imaginar el infierno, están sucediendo ahora mismo en Gaza. Y eso no es un asunto complejo. A veces es demasiado terrible, pero es de una simplicidad escalofriante. Por eso, cuando escuché a Donald Trum, ese hombrecillo que se cree dueño del mundo, decir que si Hamás no devolvía a todos los rehenes en no sé qué plazo, desataría un verdadero infierno sobre Gaza, me pareció amargamente cómico. Muy poquito después escuché a un señor palestino que buscaba entre el escombro. Decía “¿El infierno? ¿Pero qué más creen que pueden hacernos?”)
Nan Goldin, Francesca Albanese, Almudena Ariza, Olga Rodriguez… Ellas lo estaban contando todo… ¿Por qué se les hacía tan poco caso? Annie Lennox, Owen Jones, Voces Judías por la paz, Judíos por Palestina… Ilan Papé lleva décadas pidiéndonos que llamemos espada a la espada. Por si alguien no había escuchado en su vida hablar de lo que lleva más de un siglo ocurriendo en Palestina, Pol Andiñach, Cuellilargo, había hecho una minuciosísima reconstrucción de la historia de esa tierra, desde los más antiguos restos arqueológicos… ¿Por qué había que pasar tanto, tanto tiempo escuchando opiniones asentadas en la ignorancia, en la falacia, estúpidas, sesgadas, desinformadas, cuando no directamente mentirosas o criminales? Eso es lo que cubre de un velo de complejidad artificial lo que en realidad es un asunto muy simple, un asunto de Derechos Humanos vulnerados, un mero asunto de inhumanidad y absoluta falta de piedad.
Parece que algo empieza a cambiar… dos años después. Es terrible, porque los cambios son pequeños y los muertos se amontonan…
Hace muy pocos días, Irene Vallejo hablaba emocionada de su participación en un acto celebrado en Zaragoza en que se dedicaron doce horas, que no fueron suficientes, a leer los nombres de los niños asesinados en Gaza. Algunos comentarios a su post son sencillamente despiadados. Lo menciono porque ese tema, el de los nombres, me lleva demostrando desde el principio, con transparencia abrumadora, el sesgo de la prensa… Todas las mañanas me despierto con alguna noticia en la que aparecen los muertos palestinos del día: hoy, 30; ayer, 37; el domingo pasado, 32… Números. Números terribles, sólo números. En los pocos casos en que algún israeli muere, la prensa nos informa de su nombre y apellido, edad, profesión, estado civil, número de hijos… No sé… dedicar doce horas a decir los nombres de los niños muertos… sólo nos ayuda a recordar que detrás de cada una de esas cifras hay también una vida, unos ojos ante cuya mirada sólo podríamos bajar la vista y hundirnos en una ciénaga de vergüenza y espanto.
Nos encontramos en un periodo ya demasiado largo en el que la violencia parece haber llegado a una especie de paroxismo. Escuchamos voces de aquí y de allá, pero casi no prestamos atención a las voces de las víctimas.
Voy a terminar el tubo de ensayo de hoy leyéndoles la traducción de un poema escrito por una poeta palestina, Rafeef Ziadah. Fue compuesto durante la oleada de bombardeos sobre Gaza del invierno de 2008-2009. Déjenme tan sólo que les diga algo acerca de su autora. Nació en un campo de refugiados de Líbano y ha vivido en Canadá y en Reino Unido. Yo conozco sus actuaciones en el terreno de la spoken word y su labor como activista en la lucha por los derechos humanos.
Enseñamos vida, señor
Hoy mi cuerpo ha sufrido una masacre televisada.
Hoy mi cuerpo ha sufrido una masacre televisada que tenía que encajar en clips de audio y límites de palabras.
Hoy mi cuerpo ha sufrido una masacre televisada que tenía que encajar en clips de audio y límites de palabras, y estar lo suficientemente llena de estadísticas para conseguir una respuesta mesurada.
Y he perfeccionado mi inglés y me he aprendido las resoluciones de la ONU.
Pero, a pesar de todo, el hombre me ha preguntado “Señorita Ziadah, no cree que todo este asunto se resolvería simplemente con que ustedes dejaran de enseñar tanto odio a sus hijos?”
Pausa.
Miro hacia dentro y busco la fuerza para conservar la paciencia, pero no es paciencia lo que a una le brota mientras las bombas caen sobre Gaza.
La paciencia se me ha agotado.
Pausa. Sonrisa.
Nosotras enseñamos vida, señor.
(Sonríe, Rafeef, no olvides sonreír.)
Pausa.
Nosotras enseñamos vida, señor.
Nosotras, las palestinas, enseñamos vida incluso después de que nos hayan ocupado el último rincón del cielo.
Nosotras enseñamos vida incluso después de que hayan construido sus asentamientos y sus muros de apartheid y ocupado hasta el último rincón del cielo.
Nosotras enseñamos vida, señor.
Pero hoy mi cuerpo ha sufrido una masacre televisada hecha para encajar en clips de audio y límites de palabras.
Pero… denos una historia, una historia de interés humano.
Mire, esto no va de política.
Queremos hablarle a la gente de usted y de su pueblo, así que denos una historia de interés humano.
“Apartheid”, “ocupación”... no use esas palabras.
Esto no va de política.
Mire, como periodista, necesito que usted me ayude para que yo pueda ayudarle a contar su historia, que no es una historia política.
(Hoy mi cuerpo ha sufrido una masacre televisada)
¿Qué tal si me da una historia acerca de una mujer palestina que necesita medicinas?
¿Qué tal si me habla de usted?
¿Tiene usted suficientes huesos rotos como para cubrir el sol?
Hábleme de sus muertos y deme sus nombres en mil o mil doscientas palabras.
Hoy mi cuerpo ha sufrido una masacre televisada que tenía que encajar en clips de audio y límites de palabras y conmover a gente que está insensibilizada ante la sangre terrorista.
Pero estaban apenados..
Estaban apenados por la situación del ganado en Gaza.
Así que les di resoluciones de la ONU y estadísticas, y condenamos, lamentamos y rechazamos. Y “no se puede hablar de bandos iguales si uno es ocupante y otro ocupado”.
Y cuento cien, doscientos, mil muertos.
Y mientras digo estas palabras, intento sonreír, intento no parecer exótica, no parecer terrorista.
Pero ¿hay alguien ahí?
¿Alguien me escucha?
Querría ser un muro sobre sus cuerpos.
Querría caminar descalza por cada campo de refugiados y abrazar a cada niño y taparle las orejas para que no tuvieran que oír como yo oigo el ruido de los bombardeos durante el resto de sus vidas.
Hoy mi cuerpo ha sufrido una masacre televisada.
Y, permítanme decirlo, sus resoluciones de la ONU no han hecho NADA al respecto.
Y ningún clip de audio, ningún clip de audio que pueda ocurrírseme los devolverá a la vida. No importa cuánto haya perfeccionado mi inglés. Ningún clip de audio, ninguno, los devolverá a la vida.
Ningún clip de audio va a arreglar esto.
Nosotras enseñamos vida, señor.
Nosotras enseñamos vida.
Nosotras, las palestinas, nos levantamos cada mañana para enseñar vida al resto del mundo, señor.
No puedo evitar imaginarme a Rafeef después de la entrevista que dio origen a este poema. Volviendo a casa ahogada por la humillación, la incomprensión, la impotencia y la rabia. Escribiendo. Ahora les dejo con su voz.
Un cordial saludo de Carlos López. Nos volveremos a encontrar en poco tiempo aquí, en Radio Galapagar.
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